Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago De este modo se quedan mi señor Yvaín, el duque y sus escuderos; cuando se acercan al castillo, un escudero se separa de ellos, pues teme ser conocido; los dos continúan cabalgando hacia la puerta principal. Cuando llegan a la entrada de la primera muralla, les sale un enano al encuentro, con una espada ensangrentada en la mano, y les dice:
—Señores caballeros, ¿queréis entrar aquí?
—Ciertamente, sí.
—Podréis hacerlo, en breve. Pero no os precipitéis, pues el señor de aquí todavía está acostado; no se ha dignado en levantarse por vosotros. No entraréis los dos juntos, sino que uno de vosotros tendrá que esperar al otro hasta que haya sido hecho prisionero o haya conseguido pasar. Si lo deseáis, se puede hacer de otra forma: combatiréis contra dos caballeros de aquí.
—¿Cómo —pregunta el duque— se puede hacer eso?
—La costumbre es tal que un caballero andante debe combatir contra diez; si viene más de uno, cada uno de los que llegan debe enfrentarse con otros diez.