Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Farién, buen amigo, gracias; procurad que yo no muera y en buena hora habréis dicho las palabras que dijisteis. Tomad mi espada, os la entrego por ser el más leal caballero que he visto nunca e inmediatamente os voy a devolver los dos niños. Sabed que si os tuviera a todos en Bourges, a ellos y a vos, no les harÃa ningún daño, antes los defenderÃa, pues en este instante os habéis ganado mi corazón y mi amor para siempre por la gran lealtad que he encontrado en vos en un momento de tanta necesidad.
Con estas palabras termina el combate; Farién hace que se separen unos y otros y les dice a los nobles más importantes del reino que le esperen, pues les va a pedir los niños. Entonces entra en el palacio con Claudás y este ordena que se los traigan; apenas ha dado la orden, se desmaya por la sangre que ha perdido: saltan hacia él sus hombres, temerosos de que haya muerto, le quitan el yelmo de la cabeza con rapidez y le echan agua hasta que vuelve en sÃ; él siente gran furor y vergüenza por haberse desmayado delante de su gente. En esto, traen a los dos lebreles y todos piensan que son los niños; Claudás se los entrega a Farién. Con gran aflicción por el recuerdo de su hijo, se vuelve a desmayar entre los brazos del maestro.