Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mi señor Galván se pone en pie, el corazón se le hincha y las lágrimas le acuden a los ojos; se da la vuelta y dice mientras se va: «En verdad, señora, debería serlo». Y así quedan las palabras. Entonces llega Keu el senescal, con un bastoncillo de oro en la mano, sin el manto, y le dice al rey que ya estaba dispuesta la comida y que era hora de comer, «y bien lo podéis hacer, pues no será por falta de aventura». El rey se sienta a la mesa, no porque tenga intención de comer, sino para alegrar a su corte. Hubo quienes comieron poco. Lionel estaba en la habitación de la reina, consolándose los dos por su gran pesar. Después de que el rey acabara de comer, se sentó sobre una gran alfombra, tan triste que no le interesaban las distracciones y no hacía más que pensar ensimismado, con gran asombro de sus nobles.
Mientras pensaba de tal modo, entró un caballero armado con cota y con calzas, con la espada ceñida, sin yelmo; era muy grande y estaba muy bien proporcionado en todo; atravesó la sala a grandes pasos, manteniendo la mano derecha en el puño de la espada. Cuando llegó ante el rey, habló con orgullo, diciendo: