Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Llegan en ese momento criados que lo desarman, y uno de ellos le abrocha un manto de piel. Dispusieron la comida para él y para mi señor Galván, pues todos los demás ya habÃan cenado; pero Lanzarote dice que no comerá, porque se encuentra mal. Mi señor Galván, que está deseoso de saber quién es, va a la habitación y le recomienda que coma. Lanzarote tiene la cabeza cubierta por el manto, para que no lo reconozcan; y contesta que no cenará.
—Ciertamente —dicen las dos doncellas—, hacéis bien, pues valdrÃais más muerto que vivo. No os preocupéis por él —le dicen a mi señor Galván—, que nosotras os daremos compañÃa; si comiera con vos, nosotras no nos quedarÃamos.
Mi señor Galván le suplica tanto, que Lanzarote le responde que cenará, pero será en su habitación y completamente solo; a mi señor Galván le pesa mucho, pero se va con las dos doncellas aunque preferirÃa ayunar junto a Lanzarote, con tal de poder saber quién es.
Mi señor Galván cenó poco, y estuvo pensando en el caballero de la carreta; pero en modo alguno puede pensar ni imaginarse que es otro sino Lanzarote, por su elevado comportamiento y por su constancia. Después de cenar, una de las doncellas fue a Lanzarote y le dijo:
—Señor caballero, si queréis ver cosas dignas de admiración, os las mostraré.