Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mi señor Galván se acuesta y permanece asà hasta que llega el dÃa. La sala era oscura y no podÃa ver la luz. El enano, que habÃa llevado en la carreta a Lanzarote, entró y gritó desde la puerta:
—Caballero que fuisteis en la carreta, ahà están los que se llevan a la reina.
Lanzarote, que se habÃa acostado con la camisa y las calzas, se pone en pie y se echa la cota sobre los hombros, sin más y rápidamente sube a la torre; ve numerosas doncellas asomadas a las ventanas que daban al prado; se acerca allà y ve a los caballeros del dÃa anterior, que se llevaban a la reina y, a su lado, ve a Keu el senescal en una litera.
Al ver a la reina, se queda tan sorprendido que no puede hablar. Cuanto más se aleja, más se asoma Lanzarote a la ventana para verla mejor. Mi señor Galván, que habÃa acudido también, se da cuenta de que es él y que asomaba por la ventana hasta el muslo; lo sujeta entre sus brazos y tira de él hacia atrás. Al verle el rostro, reconoce a Lanzarote y, besándolo le dice:
—Ay, buen y dulce amigo, ¿por qué odiáis vuestra vida? Por poco no habéis muerto.
—Ciertamente —dicen las dos doncellas—, hacÃa bien, pues nunca tendrá honor.
—Entonces —responde mi señor Galván—, no habrá honor en el mundo, si él no tiene. ¡Poco conocéis al caballero!