Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago El de la carreta se detiene. El otro se aleja toda la calzada y luego regresa al galope, tan rápido como puede su caballo, y lo mismo hace él; se golpean los escudos. El caballero de la calzada quiebra la lanza, mientras que el otro le alcanza de forma que lo lleva del caballo al suelo. Descabalga él también, se saca el escudo del cuello, se lo coloca ante la cabeza, desenvaina la espada y ataca al otro, que ya se habÃa puesto en pie; se dan grandes golpes en el yelmo, en el escudo y en la cota. Pero finalmente, el de la calzada se ve obligado a abandonar terreno y no puede resistir el combate: le deja libre el paso. El de la carreta, sin embargo, dice que no basta con eso, sino que tiene que darse por vencido.
—Decidme antes —le responde—, si es cierto que montasteis en la carreta.
Le contesta que es verdad.
—Ciertamente —dice el de la calzada—, no seré vencido por hombre que ha estado en carreta.
—Entonces morirás.
—Prefiero muerte honrosa que derrota vergonzosa.
—Ay, desdichado —dice la doncella—, no fue afrentado en la carreta, pues subió por propia voluntad y para mayor honra suya.
—Pienso que lo hizo por su propio corazón, pues es un buen caballero. Tomad señor, mi espada, pues me considero vencido por vuestra mano.