Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Éste no se digna ni en contestarle; entonces le repite que si no la deja ir, lo pagará caro.
Desenvaina la espada y el padre le dice a su hijo:
—¡Para, loco desdichado, déjala! Bien sabÃa yo que no la tendrÃas sin reto.
—Señor —le dice al otro caballero—, envainad vuestra espada, pues pensamos que sabéis golpear bien con ella; y sean cuales sean los hechos, vos no sois ni demasiado loco ni villano en demasÃa, y la doncella no será retenida contra vuestra voluntad.
—Por la Santa Cruz —dice el hijo—, no se la llevará sin pelear.
—Por mi fe —responde el padre—, si eres estúpido, no cometerás tus estupideces delante de mÃ, y ya que eres mi hijo, debes cumplir mis órdenes y no quiero que combatas contra este caballero.
—Sà lo haré, asà lo juro.
—Calla —le ordena el padre—, pues no tienes ningún poder donde yo esté.
—Entonces, ya que no me dejáis combatir delante de vos, lo seguiré hasta que nadie me lo impida.
—Ahora has hablado bien y me iré contigo; si veo algo por lo que debas combatir, lo harás; y si veo un motivo por el que debas dejarlo, lo dejarás.