Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Entonces, baja de la torre y monta a caballo, acompañado por sus consejeros, llevando un buen caballo a la derecha y va a donde Lanzarote está limpiándose la sangre de las heridas. Al ver al rey, se pone en pie ante él; el rey descabalga, lo abraza y le muestra una gran alegrÃa, antes de verlo sin el yelmo.
—Buen señor —le dice a Lanzarote—, os habéis puesto en un gran riesgo por el gran honor que esperáis; que Dios os lo conceda y que no haya más dolor, asà lo deseo. No veo quién sois, pero lo sospecho, porque mi señora la reina de Bretaña me lo ha dicho; tened por seguro que no debéis preocuparos de nadie sino solamente de mi hijo; yo os protegeré frente a todos los demás.
—Señor, muchas gracias; voy buscando a vuestro hijo: que se adelante ya que tiene que combatir conmigo y no querrÃa retrasar tal asunto, porque ya ha durado mucho esta prisión.
—No os apresuréis a combatir ahora, mi dulce amigo, pues necesitáis descansar; haré que os curen las heridas y los cortes.
—Señor, no tengo corte ni herida que me obligue a descansar, gracias a Dios, pero me corre prisa combatir, porque tengo muchas otras cosas que hacer.
—No podrá ser esta misma noche, pues quiero que haya gentes mÃas y vuestras: tenéis que esperar hasta mañana, ya que no podéis esperar más tiempo.