Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Sube a la torre, recoge a la reina y la acompaña a las ventanas del salón para que contemple el combate, pues quería hacerle muchos favores. Ella no le pregunta nada sobre Lanzarote, y el rey se queda sorprendido; le pide al rey que haga que lleven a Keu el senescal arriba, para que también vea la batalla. Así lo hacen y le ponen la cama junto a una ventana, al lado de la reina, con las damas y las doncellas, de las que había un gran número. Luego, el rey ordena dar la señal y, al punto, corren los dos caballeros armados; los caballos galopan veloces, pues el rey le había dado a Lanzarote el mejor que tenían. El campo era hermoso, llano y los dos caballeros galopaban desde lejos; se colocan las lanzas bajo la axila: eran lanzas cortas, rectas y de afiladas puntas; se dan grandes golpes en el escudo. Meleagant alcanza a Lanzarote de forma que le rompe los tirantes y la punta de la lanza se detiene sobre la cota, empujando con tanta fuerza que la lanza vuela hecha pedazos. Lanzarote lo golpea por arriba, bajo la bocla, de modo que hace que el escudo le golpee contra la sien y la punta de la lanza, que era muy cortante, le atraviesa el cuero y los tirantes del escudo, y las mallas de la cota, entrándole el hierro en el pecho, cortándole el hueso principal del hombro y empujándole con tanta fuerza que lo derriba al suelo por encima de los arzones, pero la lanza se le rompe al caer: la punta le ha quedado dentro con un pedazo de asta en el hombro. Lanzarote desmonta y se acerca a él con la espada desenvainada y el escudo delante de la cabeza; estaban en un sitio en el que Lanzarote vio de inmediato a la reina delante de él.