Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Ella le contesta que asà lo hará, que esté tranquilo.
—Pero ¿por qué me lo decÃs?
—Señora, lo digo por mi hijo que está en peor situación de la que yo querrÃa y de la que él desearÃa. A mà me agrada, por Dios, con tal de que no muera o quede humillado: os ruego que vuestra voluntad sea que esto quede como está.
—Ciertamente, me agrada. Siento que haya habido combate; id a separarlos, pues asà lo deseo.
Mientras hablaban de este modo, Lanzarote tenÃa a Meleagant en tal estado que ambos estaban bajo las ventanas y que podÃan oÃr las palabras del rey y la reina; Lanzarote no volvió a tocarlo, sino que envaina de nuevo la espada. Meleagant le da tan grandes golpes como puede, de forma que le hiere, pero a pesar de todo Lanzarote no le vuelve a tocar. El rey desciende corriendo y se lleva a Meleagant, que le dice:
—Dejadme concluir mi combate, no os entremetáis.
—Sà lo haré, pues veo que te matarÃa si te dejara.
—TodavÃa sigo llevando la mejor parte y bien se ve.
—Nada de lo que digas te vale, pues ya hemos visto cómo iba todo: ahora tienes que aguantarte.