Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Al oÃrlo se levanta con tanta rapidez como si no padeciera ningún daño, lo abraza completamente armado y le dice que se encuentra muy bien; se quitan el yelmo y los dos primos se muestran tan gran alegrÃa que no se podrÃa contar ninguna mayor.
—Buen señor —le dice Lionel—, hace más de un año que no paro de buscaros, pero, gracias a Dios, ahora os he encontrado. Verdaderamente estuve loco al no reconoceros por las maravillas que hacÃais, pues deberÃa saber que nadie podÃa hacer eso si no erais vos; que Dios no me ayude si no estoy muy contento por haber probado vuestros golpes, porque ya sé por mà mismo que ningún hombre os podrá resistir.
A Lanzarote no le importa nada esto que dice Lionel, porque teme haberlo herido de muerte y llora con gran ternura.
—Señor —le dice Lionel—, estad seguro de que no tengo ninguna herida de la que no pueda curarme con bastante facilidad; pero temo que le hayáis dado la muerte a mi compañero Héctor.
—No, acaba de hablar conmigo.