Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago En esto llegó una doncella montada en un palafrén hermoso y algo sudado, porque había ido con rapidez; estaba muy bien vestida, con una túnica riquísima de jamete y cubierta de forma que sólo se veían los ojos. La doncella se dirige derecha a Boores, al que ve con la espada desenvainada, dispuesto a atacar al caballero herido. Se le acerca y le dice:
—¡Deteneos, señor caballero, no lo toquéis!
—Doncella, ¿por qué?
—Porque yo lo protejo frente a todos los caballeros y soy su guardián.
—Por mi fe, si tiene tan buen protector como vos, doncella, cometería una grave falta poniéndole la mano encima; tendrá que prometerme, antes de que lo deje libre, que nunca intentará perjudicar a la doncella del castillo.
—Me parece bien y deseo que le toméis la palabra.
Boores así lo hace; a continuación, se marcha el caballero con la lanza en el hombro, agradeciéndole a la doncella el que lo haya protegido; la encomienda a Dios con gran dulzura. La doncella se queda con Boores y van a la sombra del pino, pues hacía gran calor; sin embargo, en ningún momento se descubre tanto como para que Boores pudiera reconocerla.