Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —No pensaba que me la fuerais a dar en ese momento ni por toda Bretaña; pero como no podía probaros en una ocasión mejor, y no sabía si lo haríais por mi señora, os la pedí en el momento que más la necesitabais. Ahora veo bien que mi señora empleó de forma adecuada sus cuidados con vos, y ciertamente se pondrá muy contenta cuando le cuente que, estando en peligro de muerte vos, me disteis por su amor lo único que os podía proteger; y no sabíais quién era yo.
Boores no hace más que reírse.
La doncella le da el caballo y él monta cansado y fatigado; descienden de la colina, pero no se dirigen hacia el castillo, sino que toman por el camino de la derecha hacia un bosque que había a menos de una legua inglesa y que se llamaba Lonvego. Se apresuran, pues Boores dice que quiere alejarse del castillo lo más posible. Cuando ya estuvieron bastante metidos en el bosque, ven dos pabellones muy hermosos plantados junto al riachuelo de una fuente; a la entrada de uno de los pabellones había un caballero al que estaban desarmando un enano y una doncella. Boores, que se dirige a él, lo saluda y éste le devuelve el saludo con cortesía.
—Buen señor —pregunta la que iba con Boores— ¿os agradaría darle alojamiento por esta noche a este caballero que está cansado y fatigado?