Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Con gusto os lo diré. Hace ahora justamente un año que el rey Vadalón, el hermano del rey de Norgales, asedió en la Roca de Mabón al rey Agripa, mi padre, porque decía que le había matado a un hermano suyo. Después de apresar a mi padre por la fuerza, el rey de Norgales, su hermano, dejó en tal situación a nuestro castillo, que no podía llegar comida de ninguna parte, de forma que durante tres días padecimos gran hambre. Hacía tal calor que los ríos de nuestra tierra se secaron todos, menos una fuente que tenían los de la hueste enemiga: si les hubiera faltado el agua, habrían muerto o habrían tenido que abandonar el asedio. Cuando me enteré que los del campamento vivían gracias a esta fuente, pensé que si se les pudiera cortar, tendrían que marcharse de allí o morirían todos. Salí por la noche del castillo a solas, para no ser vista y me dirigí a la fuente; entonces pensé una cosa de la que se hablará durante mucho tiempo en otros lugares: me dije a mí misma que podría darles la muerte a todos mis enemigos envenenando la fuente. Así lo hice, pues tomé un frasco lleno del veneno más fuerte del mundo y lo eché en la fuente de forma que todo el que bebió, murió: en menos de tres días murieron más de quinientos hombres, y tuvieron que abandonar el asedio y marcharse a sus tierras. Cuando vimos tal cosa, nos pusimos muy contentos y le dije a mi padre cómo había conseguido que se marcharan envenenando la fuente; lo supieron muchas gentes y, finalmente, se lo contaron al rey Vadalón. Éste, al enterarse, sintió tal rabia que dijo que no volvería a tener alegría hasta haber tomado venganza; pero lo dijo tan en secreto que sólo los de su séquito particular se enteraron. Después, yo iba cabalgando por la tierra del rey que os he dicho; fui espiada y sorprendida y llevada ante él, que cuando me vio dijo que no se vengaría matándome, porque sería demasiado rápido. «Haré que viva con gran dolor y con gran sufrimiento». Entonces hizo que cogieran estas dos vendas y que me ataran con ellas con tal fuerza como aquí veis. Al verlo, sentí gran angustia y preferiría haber muerto, como les dije a todos los de la corte de aquel rey: