Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Por Dios, entonces no pondré la mano en la espada, pues sé que no soy el mejor de todos y aunque lo pensara, serÃa demasiado estúpido; si vos fuerais hombre sabio, no permitirÃais que lo intentara más que un caballero, ya que todos los demás os causan daño y nadie os ayudará si no es él: ese caballero os liberarÃa sin lugar a dudas.
—Bien sé —dice el caballero que habÃa fracasado— a quién os referÃs: habláis de mi señor Galván.
—Por todos los santos —contesta Boores—, nunca pensé en él y no es por desprecio, pero sé que hay en el mundo alguien que si tuviera que combatir contra mi señor Galván y contra vos, y hubiera que cortar cabezas, no me gustarÃa estar en vuestra situación ni a cambio de la tierra del rey Arturo.
—¡No decÃs la verdad! No ha nacido quien pueda vencer con las armas a mi señor Galván.
—Si no ha nacido, que Dios no quiera que nazca.
—Asà os ayude Dios, ¿quién es ése al que consideráis tan buen caballero?
—Por mi cabeza, bien se le puede nombrar entre valientes: es Lanzarote del Lago.