Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Ciertamente, no lo considero una humillación, pues me prometéis con lealtad que me protegeréis con toda justicia. Antes de nada, tomad, os entrego mi espada.
Cuando lo oye Farién, empieza a llorar de compasión, pues le dice que quiere ser prisionero suyo, a pesar de que lo odia más que a nadie y de que lo matarÃa si fuera justo. No sabe cómo llevarlo, temeroso de que los de la ciudad y los de aquella tierra lo maten entre sus propias manos, con lo que quedarÃan afrentados para siempre; y si ocurriera asÃ, se matarÃa de dolor, según cree. Por otra parte, si lo deja ir, se lo considerarán maldad y falta de valor, y se cometerán tales desmanes que nadie podrá repararlos, por muy poderoso que sea, pues los que lo odian se le echarán encima e incluso llegarán a arriesgar la vida por acabar con él: y de todos los peligros ese es el que más teme y no deja de pensar cómo protegerá al rey Claudás cumpliendo en parte la voluntad del pueblo.
Al fin, le dice al rey: