Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, siento gran pena por haceros retroceder, obligándolos a reconocer su locura, pero no me extraña que estén afligidos y tristes por los dos hijos del hombre que querÃan más en el mundo, que era su señor natural; piensan que vos los habéis matado y sorprende que no estén todos dispuestos a morir por daros muerte, y yo mismo lo harÃa —tenedlo por cierto— si pudiera mataros conservando mi honor y obrando de forma justa. Pero a pesar de todos los daños y de todas las tristezas se debe preservar el honor y mantener la honra en la tierra, pues ningún hombre afrentado puede vivir en el mundo, por poco que se dé cuenta. Y el que no actúa de acuerdo con la justicia, pierde la entrada en el paraÃso y no podrá volver a recuperarla: por eso conviene soportar las tristezas, los dolores y los daños antes que hacer felonÃas o deslealtades, con las que perderÃa el honor en este mundo —que es por lo que se realizan las proezas— y pierde también el otro mundo —que nunca terminará— y que es la alegrÃa del paraÃso. Por eso, si Dios quiere, no moriréis por mi culpa, mientras yo me mantenga en vuestro homenaje, y no os puedo dar mayor seguridad. Pero escuchad ahora por qué os he dicho eso, pues me piden que os tenga prisionero hasta que sepan noticias de los dos niños y vos me habéis prometido que entraréis en la prisión tan pronto como yo os lo pida. Ya veis que no podéis mantener la fuerza contra ellos en esta tierra: eso no se lo he dicho a ellos, pero en cualquier caso os convendrá entrar en mi prisión y que yo os proteja y os defienda frente a todos.