Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —No os preocupéis por eso. Que haga todo lo que pueda, no lo temo.
Aquella noche hablaron de muchas cosas y los del castillo le mostraron una gran alegría por su señora, a la que pensaban haber perdido y a la que tenían sana y salva. Por la mañana, tan pronto como el día apareció claro, se levantó Lanzarote y se separó de la doncella tras armarse; ésta lo encomienda a Dios y le ruega que regrese por allí a su vuelta; Lanzarote le contesta que así lo haría si podía. Reemprende el camino y cabalga durante todo el día hasta la hora de víspera en que se acerca a un río llamado Aglonde, que era muy profundo y muy negro. Cuando ya estaba cerca del río, vio tres tiendas plantadas cerca de la orilla; una de ellas era grande y hermosa, mientras que las otras dos eran más pequeñas. De la tienda mayor salió un caballero completamente desarmado que le da la bienvenida, y Lanzarote le devuelve el saludo.
—Señor, me parecéis caballero andante y amo a todos los que pasan su vida en ese oficio, pues yo mismo soy caballero andante y por eso quiero rogaros que os alojéis esta noche conmigo; si continuáis, sólo encontraréis bosque, tan agreste que os perderíais rápidamente. Ya es hora de albergarse, bien lo veis: por eso os aconsejo que os quedéis y tendréis alojamiento bueno y agradable a vuestra voluntad.