Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —No tendréis aplazamiento, venid inmediatamente conmigo.
—No, señora, ¿no vais a hacer nada por m�
—No.
—Entonces poneos en marcha, pues os seguiré; pero tened por seguro que antes de que os hayáis alejado dos tiros de arco, me encontraréis muerto.
—¿Muerto? ¿Quién os matará?
—Yo mismo, pues después de haber recibido tan gran afrenta como la que me queréis hacer, no desearé vivir ni una hora más.
—No será asÃ, os dejaré combatir: pero quiero que me prometáis antes que me seguiréis después del combate.
—Asà lo haré, si estoy en mi poder.
—No quiero otra cosa.