Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuenta ahora la historia que cuando Lanzarote se separó de Keu el senescal, que le dio su caballo, reemprendió el camino tras la vieja. Le causaba gran daño el trozo de asta que llevaba en el cuerpo y a pesar de todo no deja de cabalgar; ha sangrado tanto que todo su vestido está ensangrentado y la sangre le cae a las calzas. La vieja no se detiene en ningún momento y él la sigue; cabalgan de este modo hasta la hora de tercia, sin que la mujer dijera ni una palabra y él tampoco. Se encontraron entonces a un caballero desarmado, que sólo llevaba la espada, montado en un gran caballo negro, de cuyo arzón colgaba la cabeza de un caballero recién matado. El del caballo negro era grande, corpulento y fuerte en todos sus miembros y parecía extraordinariamente fiero y orgulloso; al acercarse a Lanzarote lo saluda y éste le devuelve el saludo.
Cuando ya se habían alejado un poco, el caballero regresa a Lanzarote y le dice:
—Señor caballero, por la cosa que más améis, decidme cómo os llamáis.
—Con mucho gusto; me llaman Lanzarote.
—Por Dios, os iba buscando.
—Por mi fe, me habéis encontrado. ¿Qué deseáis?
—Quiero que os quitéis las armas y me las entreguéis.