Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago De este modo había empezado a lamentarse la reina por Lanzarote, y hubiera dicho cosas admirables antes de callarse si el rey, que había regresado de cazar y había desmontado en el patio con gran compañía de nobles, no hubiera subido a la sala alegre y contento como quien no había encontrado nada desagradable en toda la jornada. Cuando el rey entró en la sala, preguntó por la reina y le dijeron dónde estaba; ordena que vayan a buscarla y ésta se le presenta muy triste y pensativa, aunque mostrando la mejor cara que podía, con la toca liada y con el rostro lavado, pues lo tenía lleno de sangre. El rey se dio cuenta por la cara que tenía que estaba triste y le pregunta qué le ocurre.
—Señor, no me pasa nada malo.
—Sí que os pasa.
—No me pasa.
—Decídmelo, por la fe que me debéis.
—Señor, me lo habéis pedido de tal modo que no me queda más remedio que decíroslo, pero comeréis antes y, luego, os lo haré saber o por mí o por algún otro.