Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago El rey deja de hablar del asunto y ordena que pongan la mesa; los condestables lo hacen de inmediato y los caballeros empiezan a sentarse. Cuando el rey no ve a Lanzarote a la mesa, ni a los otros que habían ido acompañando a la reina, se sorprende y se pregunta qué les ha podido ocurrir. Siente miedo de que les haya sobrevenido alguna desgracia y tiene tal malestar en su corazón que no puede comer, sino que permanece sentado en su alto trono sin beber ni comer mientras las mesas estuvieron puestas. Cuando terminaron de cenar, el rey ordenó quitar las mesas y llamó a la reina, diciéndole:
—Señora, ahora quiero saber lo que os he preguntado.
—Señor, ya que así lo deseáis, os lo diré, o que os lo diga alguien, el que vos prefiráis.
—Señora, no quiero oírlo sino de vos, pues a vos os preguntaré mejor y me lo sabréis contar mejor que nadie.
Y sin lugar a dudas la reina tenía la mejor lengua y la más hábil de todas las mujeres.
La reina empieza a decir: