Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Por mi fe, sà que es una gran desgracia y si es cierto que Lanzarote ha muerto, nunca en mi vida le habrá ocurrido una desgracia mayor a esta tierra.
Se queda pensativo el rey y mientras está ensimismado le llegan las lágrimas a los ojos; siente tanta tristeza que no puede decir una palabra y el corazón le oprime en el vientre por la angustia que siente, y el rostro se le oscurece y se le ensombrece: se desmaya y los nobles saltan de sus asientos para sujetarlo. Al volver en sÃ, dice:
—Ay, Lanzarote, ¿qué ha sido de vos?
Empieza allà un duelo tan grande que nunca se habÃa oÃdo uno mayor. Mi señor Galván llora, se lamenta y dice:
—Ay, noble caballero, ay, valiente sobre los demás, que gran lástima por vos.
El rey y los condes se golpean con las manos y se tiran de los cabellos; los compañeros de la Mesa Redonda se lamentan diciendo que nunca murió un caballero tan bueno, pero es la reina la que tiene mayor dolor: no hay dolor que se pueda comparar al suyo, todos los dolores son alegrÃas y dulzuras frente al suyo; nadie os podrÃa contar las lamentaciones que hace y nadie podrÃa ser creÃdo si lo contara. Está tan apesadumbrada que poco falta para que se mate; y sin duda se hubiera matado pero aún espera saber ciertamente que ha muerto: sólo eso la retiene.