Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Le da la vuelta entonces a la vaina y lo que quedaba de espada cae en la hierba, pero todos los que lo estaban viendo se quedan asombrados, pues ven que de la punta de la espada caen gotas de sangre sin cesar. Mi señor Galván se santigua por esto y lo mismo hacen los demás compañeros. El caballero le dice entonces a mi señor Galván:
—Señor, ¿qué os parece esta parte de la espada?
—¿Qué? Me parece que está ensangrentada.
—Por Dios, señor, así es. No creo que hayáis visto nunca nada tan maravilloso.
—Así es y por Dios, decidnos la verdad, si la sabéis, pues deseo oírla.
—Os la diré con mucho gusto, pero antes tendréis que probar vos y vuestros compañeros, por si podéis unir las dos partes de la espada.
—Lo intentaremos con mucho gusto.
Entonces el caballero se pone en pie y toma el jamete rojo que la doncella le da, y le dice a mi señor Galván:
—Señor, tenéis que envolveros las manos con este jamete, pues si por casualidad tocarais la espada al desnudo, sin conseguir unir las dos partes, os podría ocurrir alguna desgracia en poco tiempo.
Mi señor Galván se envuelve las manos y le dice al caballero: