Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Dice ahora la historia que cuando mi señor Galván se separó de sus compañeros, tal como el libro os ha contado, se marchó completamente solo y atravesó muchas tierras; todos los días, por donde pasaba, preguntaba por Lanzarote, pero nunca encontró quién le pudiera dar noticias y, de este modo, estuvo durante dos semanas y aún más sin encontrar ninguna aventura que merezca recordar; un sábado por la tarde llegó a una abadía blanca en la que dejó sus armas y tomó otras. El día siguiente permaneció allí, porque era domingo. El lunes por la mañana, tan pronto como oyó misa, emprendió el camino más directo que conocía hacia el reino de Estrangorre.
Llegó a una fuente de agua clara y fría, con gravilla que brillaba como la plata; alrededor había abundantes árboles verdes; la fuente estaba rodeada de árboles que le daban gran sombra al lugar y el agua no tenía que esconderse para que no le llegara el sol: era un manantial de los más agradables. Mi señor Galván llegó allí, vio la fuente tan hermosa y le entraron ganas de beber; descabalga, se quita el yelmo y se sienta junto a la fuente, bebiendo con gusto. Mientras estaba descansando allí, llega por el camino una doncella montada en un palafrén que cabalga al galope. Al ver a mi señor Galván, lo reconoce, porque todavía no se había vuelto a poner el yelmo; lo saluda lo mejor que puede y él le contesta que Dios le dé buena ventura.