Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando Héctor oye lo que mi señor Galván le dice, siente vergüenza, pues se da cuenta de que es a él a quien va buscando; lo siente tanto que preferiría haber sido herido por una espada entre los dos muslos, en vez de haberlo derribado, pues piensa que mi señor Galván le guardará rencor para siempre, y no querría tener su odio en modo alguno. Entonces, se arrodilla ante él y le dice:
—Señor, por Dios, perdonádmelo, porque ciertamente no os reconocí. Os juro por todos los santos del mundo que no lo habría hecho de ninguna manera, si hubiera sabido que erais vos: me pongo a vuestra merced como vencido y estoy dispuesto a resarciros de la forma que mejor os parezca.
Cuando mi señor Galván lo oye, lo perdona con mucho gusto.