Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuenta ahora la historia que cuando mi señor Galván se separó de Héctor, cabalgó por el camino del bosque hasta que fue después de la hora de nona. Vio entonces a la derecha un pabellón plantado junto al riachuelo de una fuente. Se dirige hacia allí para saber quién hay dentro; cuando llega a la entrada, ve hasta seis hombres que comían en el suelo sobre la hierba fresca. Mi señor Galván no había comido en todo el día y tenía muchas ganas; por eso descabalga, ata su caballo a un árbol y cuelga el escudo de una rama; luego, entra en el pabellón y saluda a los que estaban sentados comiendo; pero nadie le contesta una palabra, sino que todos lo miran con felonía. Al ver que no le contestan, no deja de sentarse, con la espada ceñida, y se quita el yelmo de la cabeza colocándolo a su lado; después, empieza a comer con muchas ganas, como quien tenía gran hambre y le dice al que estaba sentado a su lado:
—Comed, buen señor, y alegraos.
—Por Dios, señor caballero, no puedo alegrarme por la comida que os estáis comiendo delante de mí; yo tenía tantas ganas de comer como vos: y os prohíbo que sigáis cogiendo, pues por mi cabeza lo pagaríais caro.
Los demás le dicen que si no se va, lo matarán; les contesta que no se moverá por todos ellos, «pero lo siento por mi caballo, que no tiene qué comer».