Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Entonces —contesta—, me iré cuando vos lo deseéis.
La doncella asà lo concede. Guerrehet desmonta y entra en la casa a descansar, pues hacÃa mucho calor. Acuden a desarmarle, pero dice que por ahora sólo se quitará el yelmo, porque quiere irse a la hora de vÃsperas.
—¿Qué haréis? —le pregunta la dama—. Asà me ayude Dios, preferirÃa haber perdido la mitad de mi tierra a que vos os marcharais hoy de aquÃ.
—Señora, me he quedado a condición de irme cuando me apetezca y mi voluntad es la de marcharme a la hora de vÃsperas, pues debéis tener por seguro que no pasaré esta noche en ningún hostal si no es en el de la joven dama de la que nos separamos en la fuente no hace mucho.
—Ciertamente no os aconsejo que os marchéis a su albergue, pues su señor es traidor y cruel y posiblemente os matarÃa pronto si viera que hacéis en su casa algo que no le guste.
—Señora, por nada dejaré de ir.
—Por mi fe, lo siento, pero ya que vuestra voluntad es ésa, no me queda más remedio que aceptarlo; que Dios os conceda que regreséis con honor y alegrÃa.