Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Mi dulce amiga —le contesta la abadesa—, ¿qué queréis que haga? No sé cómo resolverlo, a no ser que abandonéis el siglo y os quedéis con nos. Estoy segura de que el caballero no serÃa tan atrevido como para sacaros de aquà y asà quedarÃais libre de él.
La dama se le echa a los pies y le dice que no le pide otra cosa, sino que la admita en religión.
—Por mi fe —le contesta—, es grande el esfuerzo si no se tiene deseo de obrar de acuerdo con la religión; pero quien sirve de todo corazón, no se siente cansado por los trabajos, sino que cada vez le agradan más. Si yo pensara que os agradarÃan, ahora mismo harÃa que os trajeran los hábitos, de forma que serÃais de nuestra orden antes de que el caballero hubiera oÃdo misa.
La dama le contesta que nada le agradarÃa tanto como serlo, pues odia el siglo.
—Sea asà —le contesta la abadesa— por Dios, pues yo no pondré más trabas a ese deseo.