Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Si Lanzarote estuviera vivo —dice Brandeliz—, por muy lejos que estuviera, oirÃamos algo de él; pero al no haber oÃdo nada desde que nos fuimos de la corte pienso que está muerto.
—Ciertamente —contesta Gueheriet—, si ha muerto será una lástima muy grande: que Dios no me ayude si no serÃa mejor que hubieran muerto cuarenta caballeros de la Mesa Redonda antes que él; la desgracia serÃa mucho menor con la muerte de todos ellos que por la de Lanzarote.
—Por mi fe —añade GasoaÃn—, bien decÃs verdad, pero si a Nuestro Señor le parece bien que haya muerto, tendremos que aceptarlo.
De este modo van hablando hasta que llegan a un cruce del camino.
—Bueno, señores —dice Gueheriet—, que cada uno emprenda ahora su propio camino, pues yo seguiré por este mismo en el que estamos.
Era la senda que iba al castillo en el que estaba esperándole la doncella, que, al verlo llegar, salió a su encuentro saludándolo y él la saludó también; la doncella le pregunta cómo le ha ido y Gueheriet le responde que ha liberado al caballero.
—Dios, ¿y qué ha ocurrido con la doncella que iba gritando?