Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Por mi fe —contesta AgravaÃn—, haced lo que queráis, pero no lo haréis con mi consentimiento. Sea lo que sea lo que deseéis hacer, ir o esperar, yo saldré con los primeros y que Dios no vuelva a ayudarme si no aprendo cómo golpean con las lanzas los primeros que vayan.
—Por mi fe, buen hermano —le contesta Gueheriet—, haced lo que queráis, pero no me moveré hasta que vea salir a mi hermano Guerrehet.
Mientras hablaban asà oyeron gritar en el castillo: «¡A las armas!». Todos los caballeros empezaron a reunirse ante el palacio del duque, pues no habÃa nadie tan osado como para salir del castillo antes de que se le ordenara; al poco rato se habÃan armado más de doscientos hombres, todos cubiertos de hierro, entre arqueros, ballesteros y servidores de a pie. El duque va a armarse con sus cuatro sobrinos, que eran muy buenos caballeros, esforzados, hijos del hermano del duque que habÃa muerto dÃas antes en el último encuentro. También los tres hermanos se armaron, y le rogaron a AgravaÃn que no se separara de ellos, pero éste les contestó que en modo alguno les harÃa caso y que Dios no le volviera a ayudar si esperaba a salir con los últimos.
—Que Dios os conceda —le dice Gueheriet— que tengáis suerte, pues ciertamente temo que os hagan prisionero.
—No temáis, pues no será, según su voluntad.