Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Después, abastecieron la ciudad lo mejor que pudieron. Cuando Claudás llegó, Farién aconsejó a los altos hombres que habÃa allÃ, y les dijo:
—Señores, quiero ir a hablar con Claudás, para ver si puedo conseguir la paz.
Le responden que temen que el rey ordene matarlo o encarcelarlo.
—No creo que lo haga, aunque las personas nunca son tan buenas ni tan malas como uno se imagina. Me he portado lealmente con él cuando se encontraba en dificultades: no deberÃa, pues, pensar deslealtad y felonÃa contra mÃ. No obstante, quiero que vosotros, que sois los más poderosos, me juréis sobre los Evangelios que si Claudás me mata, mataréis de inmediato a los tres prisioneros que tenéis.
Asà se lo juran, y él se marcha sólo de la ciudad, armado con todas sus armas y con buen caballo, y se dirige hacia el ejército enemigo. Las gentes de Claudás lo reconocieron y lo recibieron con grandes muestras de alegrÃa. Cabalgó hasta el pabellón del rey. Allà se quita el yelmo y cuando Claudás lo ve le muestra un gran júbilo, pues desde tan lejos como lo reconoció, se dirigió a él corriendo con los brazos abiertos, y le besa la boca con afecto, como harÃa cualquiera que tuviera cariño. Al punto, le dice Farién:
—Señor Claudás, no os besaré de grado —sabedlo— hasta que no sepa si seré tratado con justicia.