Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Lanzarote deja de hablar. Cabalgan hasta un gran prado hermoso; hacía mucho calor, como corresponde a la festividad de San Juan. Allí, bajo la sombra de dos sicómoros, encuentran una hermosa fuente de agua clara en la que había dos caballeros y dos doncellas que habían hecho colocar un mantel blanco sobre la hierba y estaban comiendo muy a gusto. Al ver a Lanzarote, se levantan y le dan la bienvenida; hacen que descabalgue para que coma; se quita el yelmo, se lava las manos y se sienta. Había pasado calor y estaba enrojecido, pero tan hermoso que nadie se le podría comparar. Por la belleza que había en él, empezó a mirarlo una de las doncellas que era hermana de uno de los caballeros y que aún era muy joven, hermosa de cuerpo, que en toda aquella tierra no había una muchacha tan bella ni un caballero, por poderoso que fuera, que no la tomara por esposa con mucho gusto por su belleza; pero ella no tenía intención de casarse con nadie, pues todavía no había amado con amor ni había visto ni a rey, ni a conde, ni a caballero que le parecieran dignos de amar. Mira a Lanzarote sin cesar mientras come y contempla su boca roja; tiene tales deseos que no sabe qué hacer, pues nunca —según le parece— vio una dama o una doncella a nadie tan hermoso. Contempla sus ojos, que le parecen dos claras esmeraldas, ve la frente hermosa y el cabello crespo y rizado, con pelos que parecían de oro; hay en él tanta belleza, que la doncella no creía que en el paraíso hubiera un ángel tan hermoso. Al punto, Amor la hiere con tanta fuerza que la doncella se sobresalta y el caballero, su hermano, la mira y ve que está pálida y ensimismada, admirándose por ello; le pregunta qué le ocurre y le contesta que se encuentra mal, pero que sanará si Dios quiere.