Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Hace que le entreguen las armas y después de armarse bien se dirige a la puerta del castillo, pidiendo su caballo; sube a las almenas, acompañado por Lionel, a ver cómo combaten los de fuera con los de dentro. Los cinco hermanos habían hecho que se armara su gente lo mejor que pudieron; a continuación salen contra sus enemigos, que los reciben bien. Los de dentro eran pocos y los otros tenían muchos combatientes; comenzó la pelea muy dolorosa, en la que murieron muchos caballeros y fueron derribados a tierra. Los del castillo se dieron a la fuga cuando Gueheriet y sus dos hermanos entraron en el combate con abundante gente. Tan pronto como los alcanzaron empezaron a dar golpes y a derribar caballeros, de forma que los cinco hermanos no pudieron mantenerse y tuvieron que huir, lo quisieran o no: en este primer choque perdieron bastante. Cuando Lanzarote vio que los cinco hermanos habían sido derrotados, le dice a Lionel que ya había esperado bastante; desciende de las almenas y monta junto a Lionel; salen por la puerta. Lanzarote no mira hacia ningún sitio, más que hacia donde ve el mayor tumulto; se dirige allí, se mete en medio y golpea al primero que alcanza, derribándolo muerto; continúa y derriba a otro y lo mismo hace Lionel. Lanzarote desenvaina la espada y estaba dispuesto a realizar grandes proezas, pues hacía mucho tiempo que no combatía: comienza a dar grandes tajos a su alrededor, derriba caballeros y caballos y mata a cuantos encuentra; hace tanto en tan poco tiempo que nadie se atreve a esperarlo, pues mata a quien le espera. Por casualidad se encuentra con Gueheriet y le da tal tajo en el yelmo que se lo hace sentir en la cabeza, pero no lo hiere de muerte. Cae de los arzones y cree que va a perecer. Lanzarote pasa de largo, sin prestarle atención, y escoge al duque, que le habían dicho quién era, dirigiéndose hacia él con la espada levantada y golpeándole de tal forma en el yelmo que hace que la hoja de acero le entre más de dos dedos, pero no llega a herirle en la carne. Lanzarote no le ahorra nada, le golpea en el hombro derecho, cortándoselo y cortándole el puño izquierdo con el escudo. Le da otro golpe y hace que la cabeza le vuele, cayendo muerto: fue una gran lástima. Cuando los demás ven muerto al duque, se dan a la fuga y no se atreven a entretenerse más tiempo; Lanzarote y los suyos los persiguen, apresando a Guerrehet y a Agravaín, que no querían irse del campo, porque en él quedaba su hermano Gueheriet, y apresaron tantos de los otros como quisieron.