Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Se marcha, entra en el jardín y del jardín pasa a un prado pequeño; allí encuentra un sendero estrecho que le lleva directamente a un bosque en el que había un pabellón plantado delante de un gran olmo. Dirige hacia allí su caballo, pensando encontrar a alguien, descabalga en la puerta y ve dentro tres velas encendidas y una gran cama cubierta por una seda de color púrpura. Se dirige a la cama, pero no encuentra a nadie, ni en el resto de la tienda. Al ver esto, vuelve a su caballo, le quita el freno y la silla y lo deja pastando; luego, se desarma y deja la espada en la cabecera de la cama, se desnuda y se dispone a acostarse, ya que no encuentra a nadie; después, apaga las velas para que no le molestara la luz, se acuesta y se queda dormido de inmediato.
No tardó mucho en llegar un caballero, de quien era el pabellón; al ver las velas apagadas, pensó que su mujer estaba durmiendo y que las había apagado por la luz. Iba sin espada y sin armadura, y se desnudó sin esperar más, acostándose al lado de Lanzarote; se junta a él, lo abraza y empieza a besarlo, pensando que era su mujer, Lanzarote, que nota que aquél lo besa de tal forma, se pone en pie y piensa que se trata de una dama o una doncella: lo sujeta por los brazos, y el caballero se da cuenta entonces y piensa que es el amante de su mujer, se suelta de él y lo sujeta, sorprendiéndolo de tal forma que antes de que se hubiera dado cuenta lo tira al suelo debajo de él y le dice: