Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, porque soy joven y todavía sé poco de armas: tendría que unirme a un hombre tan valiente como él para que me enseñara y para que yo aprendiera de él y de su compañía.
—Señor, si os conociera, os tendría gran afecto, pues ama mucho a mi señor, vuestro tío, y vuestro tío lo ama mucho a él, pues nunca ha amado más a otro. Es mi señor Lanzarote del Lago.
—¿Lanzarote? ¿No pensaba yo ciertamente que había muerto? Ya que está vivo, prometo a Dios que nunca dejaré de cabalgar, a no ser que esté muerto, preso o enfermo, hasta que lo encuentre. Cuando lo vea, le rogaré por el amor de mi tío, al que tanto quiere, que me retenga a su lado y me deje ir con él por lejanas tierras en busca de extrañas aventuras. Si no quiere, al menos me ayudará con sus consejos mejor que cualquier otro.
Deja al rey Bandemagus y se marcha, armado como estaba, sin decírselo a nadie y sin llevar a ningún escudero ni a ningún criado; se mete en el bosque tras Lanzarote y cabalga durante todo el día sin encontrar a ningún hombre ni a ninguna mujer que le dé noticias de lo que va buscando.