Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mi señor Yvaín queda herido, necesita médico, pues había perdido mucha sangre; descansa junto al enano hasta la hora de nona; cuando pasó el calor y el sol ya había bajado, mi señor Yvaín volvió a montar en el caballo y cabalgó despacio hasta que llegaron a una abadía de monjas blancas. Descabalga y pide alojamiento, y los servidores le van al encuentro, porque les parece enfermo: lo desarman con el mayor cuidado que pueden y lo acuestan en una habitación, donde hacen que una de las doncellas del lugar, que sabía mucho de ese oficio, le mire las heridas. Después de vérselas, dice que no tiene que preocuparse de la muerte, pues piensa poder dejarlo sano y recuperado en quince días. Allí queda hasta que se le curaron las heridas que le había hecho mi señor Boores. Cuando se recuperó un poco se marchó, encomendando a las damas a Dios, pues le habían servido muy bien durante su enfermedad.
Cuando mi señor Yvaín se marchó de allí cabalgó durante toda la semana tal como la aventura le llevaba, hasta que llegó a unas brozas. En el camino ve a una vieja montada en un pobre rocín que lleva junto a sí a un enano al que arrastra por los cabellos, que los tenía muy largos, y lo golpea con los puños en las mejillas, mientras este grita: «¡Ayuda, ayuda!».
Mi señor Yvaín se apresura en ir a socorrer al enano y le dice al alcanzar a la vieja: