Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mi señor YvaÃn le responde que no, y que acabó el dÃa que Lanzarote, Galahot y el valiente Héctor de Mares se hicieron compañeros de la Mesa Redonda y se sentaron sin estar heridos, porque no habÃan pedido un sitio, sino que el rey se lo rogó a ellos.
—Pusieron otra costumbre —continúa mi señor YvaÃn—, que no es menos enojosa que la que habÃa antes: nadie puede sentarse en una solemne festividad si no jura sobre sagrado que ha vencido a algún caballero mediante alguna hazaña con las armas en esa misma semana.
Hablaron aquella noche bastante de la corte y mi señor YvaÃn le preguntó al ermitaño:
—Buen señor, he visto hoy, en un valle cerca de aquÃ, cinco pabellones delante de un árbol del que colgaba un escudo blanco moteado de negro; en los pabellones habÃa doncellas que se lamentaban de forma extraordinaria. ¿Sabéis por qué lo hacÃan?
—No, a no ser que alguien le haya hecho algún daño a Maldito el Jayán.
—¿Qué daño se le podrÃa hacer?
—Quien tire el escudo que visteis y se lleve su espada y su yelmo, que las doncellas deben guardar, le cometerÃa un daño tan grande que él desterrarÃa a toda la gente de su tierra.
—Por Dios, entonces ya puede desterrarlos, pues he tirado su escudo.