Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Se lo prometió así y permaneció en el castillo de tal forma que no volvió a salir desde entonces. Cuando ya llevaba más de medio año, estaba harto: buscó la forma y el modo de tener un motivo para salir y por eso hizo colgar el escudo en el árbol según visteis, hizo que llevaran su yelmo y su espada al pabellón y pensó que si el escudo era derribado por algún caballero podría salir sin faltar a su juramento. Los del país, al ver lo que había hecho, pusieron a doce doncellas que les prohibían a los caballeros andantes tocar el escudo; eran las doncellas a las que visteis lamentarse. Ahora el gigante quedará libre, en cuanto se entere de la noticia y saldrá sin encontrar a nadie a quien no lo mate: los caballeros se encerrarán en los castillos y estarán tan silenciosos que ni siquiera se moverán. Ya habéis oído por qué lloraban las doncellas y qué males caerán sobre esta tierra.
Mi señor Yvaín contesta que lo siente por los habitantes de aquella región, que no se han merecido los males que les van a ocurrir.
Mi señor Yvaín pasó aquella noche bastante a gusto. Por la mañana, después de oír misa, tomó las armas y montó; entonces el ermitaño miró y vio el escudo del jayán: