Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando mi señor Yvaín ve que no encontrará quien le albergue, se dirige hacia una fuente que había a su lado; en ella, descabalga bajo un manzano, se quita el yelmo, se desciñe la espada y echa el escudo en el suelo; se tumba en la hierba bajo un pequeño cerezo y se queda dormido inmediatamente, pues estaba cansado y fatigado por haber cabalgado y haber combatido durante todo el día.
Por la mañana, al despertarse, le pareció oír ruido de caballos; mira ante sí y ve llegar a Maldito el Jayán, y no venía tan silencioso como para no hacer mayor estrépito que el que harían veinte caballeros armados, destrozando a su paso todos los arbustos, como un rayo, y maldiciendo a Dios, jurando, pues no ve al que le había tirado el escudo.
Al verlo venir, mi señor Yvaín reconoce al punto, por el tamaño, que es el caballero que le habían contado; le grita de lejos, pues no desea que se vaya:
—Señor caballero, esperadme, soy yo el que vais buscando.