Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, no lo haré asÃ, pues podrÃa ocurrir que tuviera que enfrentarme con vos y entrar en vuestra tierra antes de que os lo pudiera hacer saber y entonces actuarÃa mal siendo feudatario vuestro y en mala hora os habrÃa rendido homenaje. Os voy a proponer otra cosa: os prometeré como caballero que, ocurra lo que ocurra con los niños, los encontremos o no, no le rendiré a nadie homenaje sin hacéroslo saber antes, si estáis vivo; con eso bastará, no haré ninguna otra cosa.
—Bien sé por qué no queréis ser vasallos mÃos ni vos ni Lambegue: me habéis dicho que nunca me amasteis y que nunca me podrÃais amar.
—Señor, os lo he dicho y no os mentÃ, pues nunca os amé; pero ahora habéis hecho más por mà que lo que yo hice por vos y con ello os habéis ganado nuestros corazones. No puedo ni debo obrar de otra forma, pues ya habéis oÃdo el impedimento; no obstante, estemos donde estemos mi sobrino y yo, no tendréis que preocuparos por nosotros, pues os lo haremos saber antes. Y ahora nos vamos a ir a cumplir con nuestra búsqueda, si nos lo permitÃs.
Cuando Claudás ve que no puede retenerlos, les da permiso por los nuevos acuerdos. Lambegue se vuelve a armar y monta a caballo; entonces Claudás hace que le entreguen una lanza de acero muy cortante y de fuerte asta, pues no tenÃa cuando entró en su pabellón.