Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Por la mañana, tan pronto como amaneció, se levantaron Lanzarote y la doncella y se marcharon, encomendando al ermitaño a Dios; cabalgaron hasta un camino bien pisado que se dividía en dos. Lanzarote encomienda a la doncella a Dios y ella hace lo mismo con él, y cabalga hacia Camalot. Cuando llegó al patio de abajo, la doncella desmontó y le entregó a un criado su caballo y el arnés para que los guardara; luego sube a la sala de arriba, que estaba llena de reyes y de reinas, y en la que había nobles y caballeros de todas las tierras. Pregunta por la reina Ginebra y se señalan; se dirige a ella, se arrodilla y la saluda diciéndole:
—Señora, tomad esta carta que mi señor Lanzarote del Lago os envía.
Cuando la reina oye que es mensaje de aquél al que ama con todo su corazón, va a su encuentro para mostrarle mayor alegría y gozo, le echa los brazos al cuello y le da la bienvenida por amor a aquel de quien es mensajera. Luego entra en su habitación, toma la carta y se lleva a la doncella a su lado; despliega el escrito y encuentra que Lanzarote le envía a la doncella para que la reina la tenga consigo y le dice que es la mujer que le ha hecho mayor bien en el mundo, pues lo ha sacado del peligro de la muerte, del que no hubiera salido jamás de no ser por ella. Cuando la reina ve que su amado le ruega con tanta dulzura, se la queda a su lado, diciéndole que sea bienvenida.