Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Lionel no dijo nada más, ya habÃa dicho suficiente. Cuando lo oyó la doncella que tanto lo querÃa, se adelantó y le juró que no lo volverÃa a amar si seguÃa diciendo tales estupideces y que procurara hacer lo que le dijera Farién. Éste se entristeció mucho con lo que habÃa oÃdo, pero respondió con más cortesÃa de la que tenÃa escrita en su corazón:
—Señor, no debo tomar a mal nada de lo que me digáis, por grave que sea, pues un señor joven no puede alejarse de su servidor por haberle dicho palabras inoportunas. Si tuvierais la edad de Lambegue, tarde os arrepentirÃais. Muchos conocen el trabajo que he tenido para evitar que vuestra tierra fuera destruida y aniquilada, y para que no murieran o perdieran sus bienes muchas personas.
—¡Bien la habéis protegido defendiendo a Claudás y salvándolo de la muerte!
—Lo defendà porque debÃa hacerlo y asà lo harÃa mañana también si fuera mi señor como era entonces.
En ese momento se adelanta el criado que los habÃa acompañado y le dice a Lionel:
—¡Ay! señor, no le digáis tales palabras a vuestro maestro, pues por la Santa Cruz, lo considero como a uno de los caballeros más leales de cuantos han llevado escudo y aún dirÃa mucho más si no estuviera él aquÃ, pues se me podrÃa tener por adulación.