Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Ay, señor caballero, sois vos el que derribasteis mi escudo a despecho mío. Por mi cabeza, en mala hora lo hicisteis, pues moriréis por ello.
Dirige hacia él su caballo y van el uno contra el otro muy deprisa, golpeándose en los escudos con tal fuerza, que las lanzas vuelan en trozos y chocan con los cuerpos y los escudos tan violentamente, que se derriban a tierra, con los caballos encima y permanecen un buen rato en el suelo, tan doloridos y aturdidos que no pueden id levantarse. Al cabo de un rato, Boores se pone en pie, como hombre ágil y esforzado, sintiendo gran vergüenza por haber caído en presencia de su primo, al que temía y amaba por encima de todos los caballeros del mundo: está dispuesto a vengarse si puede. Desenvaina la espada y ataca al gigante, que iba a levantarse, aunque estaba muy aturdido por la caída; Boores le da en el yelmo tal tajo, que le hace tambalear e hincar en el suelo una de las rodillas; luego, vuelve a él y le da otro golpe, alcanzándole con toda su fuerza de tal forma que tiene que apoyar las dos manos en tierra, tan aturdido que resulta sorprendente. Era de gran fuerza y se cubre temiendo morir, hasta que consigue ponerse en pie, aunque sigue tambaleándose por el aturdimiento.
Boores, que se da cuenta de que ha perdido algo de fuerza, le agarra el yelmo y se lo arranca de la cabeza arrojándolo lejos. Lanzarote, que tenía mucho miedo, al ver este golpe dijo: