Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago El rey se da cuenta y reconoce que su sobrino le está diciendo lo mejor; se frota y se seca los ojos y se esfuerza en poner buena cara, pero no consigue alegrarse tanto como antes, pues el corazón no le responde. Después de cenar llamó a Banín a un lado y le pidió noticias de la mujer del rey Ban y de su hijo. El joven le respondió que su señora se había hecho monja velada, y que del hijo no se tenían noticias ciertas, pero que la mayoría de las gentes pensaban que había muerto. Por tales testimonios el rey Arturo le dio a Banín joyas y muchas riquezas. Y la reina lo entretuvo aquella noche por su gran proeza: siempre lo hacía con el vencedor de los bohordos y del castillo en las fiestas mayores, y le daba joyas y regalos en prueba de su amor y a partir de entonces lo tenía por caballero suyo.
Aquel año Banín realizó tales hazañas que fue uno de los ciento cincuenta caballeros de la guardia y lo colocaron en el lugar de Gravadaín de los Valles de Galorra.
Pero la historia no sigue hablando de él, aunque sí lo hace su propia historia, que cuenta sus proezas y hazañas. Esta historia vuelve a hablar de Lanzarote, de su Dama del Lago y de su compañía.