Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Buen hijo, es buen servicio el que se hace al que al final da como recompensa el cielo y la alegrÃa que no terminará; yo querrÃa entrar en ese servicio, si quisiera el que me hizo, por más pecador que yo sea, pues mi Padre me lo ha mostrado bien viniendo personalmente en mi búsqueda. Ciertamente, si no lo hubiera ordenado Él, nunca hubiera vuelto a entrar en mi reino; pero ya que asà le place, no me entretendré más y me iré, pues deseo cumplir sus órdenes.
A continuación, el rey sale del estercolero, pero no quiere regresar a la abadÃa para que no lo reconozcan, ni quiso cambiarse los vestidos. Le preguntó a su hijo si era caballero y le preguntó también por su mujer, qué tal estaba.
—Buen hijo, quiero que me digáis todas esas cosas, sin ocultarme nada acerca de cómo se ha portado la reina vuestra madre, por la fe que le debéis a Aquel que os ha traÃdo desde más de cuarenta leguas entre la hora de tercia y ahora, que apenas es mediodÃa. No conozco vuestro nombre y por eso quiero que me lo digáis.
—Señor, me llaman Lanvalés.