Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Los veré con mucho gusto; llevadme allÃ.
—De acuerdo.
Se lo lleva de donde estaba y el fraile, seguido por Lanzarote, se dirige a la sala. Lanzarote reconoció los escudos: el de mi señor YvaÃn, el de Saigremor el Desmesurado, el de Giflete, que habÃa emprendido la búsqueda después de los demás, y en otro lado estaba el escudo de AgravaÃn el Orgulloso, hermano de mi señor Galván, el de Dodinel el Salvaje, el del duque de Clarence y el de Héctor de Mares; en un extremo de la sala estaba el escudo del Alegre Atrevido, el de GalantÃn el Galés, el de Guivrés de Lambale, el de Mador de la Puerta, el de BlioblierÃs y el de BanÃn, el ahijado del rey Ban, y otros muchos.
Al ver los escudos, Lanzarote lo siente más que nunca y le dice al fraile:
—Señor, ¿todos éstos, cuyos escudos veo aquÃ, están prisioneros?
—Por mi fe, estoy seguro de que lo están, o están muertos o prisioneros.
—Por Dios, bien puede decir el que los ha vencido que es valiente con las armas, si es que los ha derrotado personalmente; que Dios no me vuelva a ayudar hasta que sepa quién es y cómo los vence, si lo hace a traición, mediante encantamiento o por su propia proeza.