Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, ya me he entretenido tanto que no puedo permanecer más aquÃ; os ruego que me deis permiso para que me vaya.
—Esperad a que haya hablado con mi senescal y entonces os podréis ir.
La doncella le contesta que ya se está entreteniendo demasiado, pero a pesar de todo se queda.
Cuando el rey Claudás la dejó, ella empezó a pensar que habÃa oÃdo decir a mucha gente que Claudás era traidor y desleal; siente miedo y teme que le cause algún pesar. Pero no le importa lo que haga con su cuerpo, ni que la mate, según dice, sino que le importarÃa que las cartas que lleva fueran vistas, pues piensa que en ellas están los mayores secretos de la reina y por eso no querrÃa que las viera más que aquélla a la que se las tiene que dar. Piensa que si Claudás hace que la prendan, lo primero que hará será quitarle las cartas y verá lo que hay escrito en ellas, con lo que la reina quedará en mala situación cuando la gente de otros lugares conozca su secreto.
Se dirige entonces al enano que está apoyado en una ventana, sobre un rÃo que corrÃa bajo el palacio, y le entrega las cartas diciéndole: