Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —El rey Claudás me ha traído aquí no sé por qué; tengo mucho miedo porque es traidor, desleal y fementido. Tomad estas cartas que mi señora la reina me dio, prohibiéndome entregarlas, si en algo estimaba mi vida y su amor, y prohibiéndome que las viera nadie o que fueran abiertas antes de que las recibiera aquélla a quien se las envía; por eso te las entrego para que las guardes de forma que si por ventura me registraran, no me las encuentren encima; si ves que nos sujetan y que se nos intenta hacer algún daño para saber qué llevamos, arrójalas inmediatamente al río, pues preferiría que se perdieran para siempre a que los de aquí conocieran los secretos de mi señora, pues se enfadaría mucho por ello.
—Por mi fe, eso me parece lo mejor: lo haré tal como me habéis dicho.
De esta forma se ponen de acuerdo el enano y la doncella. El rey Claudás, mientras, habla con un primo suyo, senescal, y le dice: