Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, nunca oculté mi nombre por miedo a hombre o a mujer, y tampoco lo haré por vos. Me llamo Galván, hijo del rey Loth de Orcania, sobrino del rey Arturo, de quien somos vasallos todos nosotros. Todos estos caballeros pertenecen a la casa de mi tío y son compañeros de la Mesa Redonda; todos son valientes y buenos caballeros. Tened por seguro que los del castillo no podrían resistir hasta la noche si tuviéramos que combatir contra ellos.
Cuando Galehodín oye que es mi señor Galván, arroja de inmediato el escudo y la lanza al suelo, se quita el yelmo de la cabeza con rapidez y corre a él con los brazos abiertos diciéndole:
—Señor, por Dios, no os pese si he obrado mal contra vos; no lo haría de ninguna forma si hubiera pensado que erais vos: os ruego por Dios y por vuestro amor que me lo perdonéis, del mismo modo que os perdono a vos y a vuestros compañeros todo el mal que habéis causado a mis hombres matándomelos.
Al oír la gran generosidad y el afecto que Galehodín le muestra, mi señor Galván se quita el yelmo de la cabeza y le entrega la espada diciéndole:
—Señor, os hemos causado mayor daño que vos a nosotros y por eso me parece que os debemos recompensar y lo haremos con mucho gusto, como vasallos vuestros. Los nobles de la corte de mi tío dirán qué os debemos a cambio.